
Luego de leer en distintos medios gráficos artículos referidos a la mujer y a su cuerpo, me pareció una buena idea expresar mi opinión y ver si existe alguien más que piense como yo o si, definitivamente, tengo que resignarme a creer que soy una oveja negra en este rebaño femenino.
Les pregunto a las mujeres: ¿Cuántas de ustedes tienen novios que no cumplen ni un sólo requisito para ingresar al mundo de los hombres “lindos” y sin embargo, una sonrisa del engendro, basta para que quieran comérselo?
La mayoría de nosotras convivimos a diario con hombres que no se asemejan para nada a los modelos de belleza establecidos, sino por el contrario: la mayoría son sapos, escuerzos, batracios de todo tipo, divinos sí, pero que nunca, jamás, van a convertirse en príncipes. Y está bien que así sea, porque nos hacen felices con todas sus imperfecciones. El tema somos nosotras, ranas que luchan segundo tras segundo por convertirse en princesas.
¿Por qué ellos ni se plantean esta cuestión y nosotras sí? ¿Por qué además de todas las responsabilidades y tareas tenemos que sumar el hecho de “ser lindas”, o al menos disimular nuestras imperfecciones corporales, faciales, capilares?
No tengo una respuesta ensayada para estos interrogantes. Lo único que se me viene a la cabeza es que cada segundo, cada minuto y cada hora que pasa somos bombardeados por cientos de imágenes de mujeres que exhiben sus cuerpos como si fueran trofeos de carne conseguidos en base a causas nobles y a mucho pero mucho “esfuerzo personal”.
Les digo la verdad, no tengo ganas de ver mujeres en bolas todo el día. No tengo porque comerme las dos tetas gigantes de plástico que muestra Aracely González en la última GENTE. Ni tampoco quiero hacer zapping y que el culo de Jesica Cirio esté ocupando toda la pantalla de mi televisor. No quiero. Me resulta violenta la imposición del cuerpo femenino desnudo gratuitamente todo el tiempo. Esa naturalización, ese acostumbramiento de todos y todas a ver cualquier cosa en cualquier momento me está cansando. Verlo a Chiche Gelblung pesando las tetas de Natacha Jait sería enormemente divertido, sino fuera porque en ese mismo espacio televisivo donde se hace el pesaje de mamas, también se sienta un político a debatir el futuro del país. Así de simple,
con esa liviandad vivimos.
No soy feminista, no soy machista, no soy nada. Pero estoy harta de nosotras las mujeres, que en vez de luchar contra el estereotipo femenino del momento, poblamos las repisas de nuestras hijas con ejércitos de muñecas Barbies. Hay que terminar con esta escalada estética femenina, hay que acabar con el “neomachismo” que exige, sin dar nada a cambio. Hoy, la mujer trabaja, estudia, se perfecciona, pero por otro lado,
es tan pacata como antes, porque vive presa del dictamen social que le exige todo el tiempo que adelgace, que no coma nada de lo que le gusta porque engorda, que se ponga más tetas, que vaya al gimnasio a endurecer ese cuerpo flácido, que se pinte el pelo con cosas químicas, que use zapatos sexies... esos que te amputan el dedo chiquito, que se ponga corrector, rímel y rubor, y que se arranque uno por uno los pelos de su cuerpo y si es necesario hasta sangrar. En definitiva, que se cague de odio, de hambre, de dolor, pero eso sí: que esté “buena”.Todos estos comportamientos “de belleza” están tan enraizados en el imaginario colectivo, que son aceptados como una cosa más, como algo inofensivo. Sin embargo, la mayoría de personas con anorexia y bulimia, son mujeres. Es obvio que algo no está funcionando...
Si antes la mujer era relegada a las tareas del hogar, para posicionarse ahora en el mercado, es obligada a cumplir con cánones de belleza. Los hombres, en cambio, juegan un rol pasivo, donde sólo se limitan a evaluar la belleza femenina. Y acompañando este “neomachismo” brilla el Photoshop, programita básico lucir un trofeo de carne, que ha creado un ideal de belleza inalcanzable para cualquier mortal. Con sus mágicas herramientas hace desaparecer toda imperfección, y en lugar de ver a una persona, da la sensación de estar viendo un dibujo.
Miles de mujeres se esfuerzan todos los días por aparentar ser más jóvenes y lindas dejando de lado gustos, intereses, personalidad. La sociedad argentina está empapada de un machismo que no cesa y que es alentado por ambos sexos en igual medida.